Ríos, Borges y el fluir de la vida

El lugar

El Padre de las Aguas, el Mississipi, el río más extenso del mundo, […]. El Mississipi es río de pecho ancho; es un infinito y oscuro hermano del Paraná, del Uruguay, del Amazonas y del Orinoco.
Es un río de aguas mulatas; más de cuatrocientos millones de toneladas de fango insultan anualmente el Golfo de Méjico, descargadas por él. Tanta basura venerable y antigua ha construido un delta, donde los gigantescos cipreses de los pantanos crecen de los despojos de un continente en perpetua disolución, y donde laberintos de barro, de pescados muertos y de juncos, dilatan las fronteras y la paz de su fétido imperio. Más arriba, a la altura del Arkansas y del Ohío, se alargan tierras bajas también. Las habita
una estirpe amarillenta de hombres escuálidos, propensos a la fiebre, que miran con avidez las piedras y el hierro, porque entre ellos no hay otra cosa que arena y leña y agua turbia.

¿Sabían que Borges antes de morir quería ir al Misisipi y tocar sus aguas? Y lo más maravilloso de todo es que lo logró. Aunque no pudo verlo debido a su ceguera, pudo conectar con el gran río en todos sus otros sentidos. Una anécdota tan sublime como bella. Y es que Borges siempre sintió fascinación por los ríos, como podemos apreciar en sus escritos.

Amanecer

Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río.

Manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad

Lo inmediato pierde prehistoria y nombre.
El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones.
El río, el primer río. El hombre, el primer hombre.

El Aleph

Soñé que un río de Tesalia (a cuyas aguas yo había restituido un pez de oro) venía a rescatarme.

Otras inquisiciones

Hacia el porvenir preexistente (o desde el porvenir preexistente, como Bradley prefiere) fluye el río absoluto del tiempo cósmico, o los ríos mortales de nuestras vidas. Esa traslación, ese fluir, exige como todos los movimientos un tiempo determinado; tendremos pues, un tiempo segundo para que se traslade el primero; un tercero para que se traslade el segundo, y así hasta lo infinito.

El otro, El mismo

Por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí.

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